Donde te cuento cómo preparar un peregrinaje (en este caso el de Santiago de Compostela) desde una perspectiva “Cabeza – Cuerpo – Corazón” con los tips prácticos que me ayudan. OJO, estoy publicando este artículo antes de irme… Puede que sea FATAL o GENIAL… En cualquier caso será una aventura llena de aprendizajes. ¡Daré noticias de mi experiencia en mi newsletter!
l verano pasado llegué quemado. No tomé vacaciones, no escuché las señales, insistí. Me costó tres meses de vuelta al vacío.
En otoño, mi semana de reencuentro fue el PDC, el certificado de permacultura con Tierra Martínez en TierraLuz, en Cataluña. Levantarse a las 5 cada día, introspección, trabajo de campo, gente nueva. Salí de 3 meses apagado, ansioso, casi en burnout. Me dio fuerza para arrancar. Me enfrenté a la incomodidad, esa semana me devolvió a la vida.
Ahora estamos en el mejor momento de Nimbus. Siento una energía, una confianza y una ilusión con el equipo, el club va a mil… En mi vida en Portugal con Claudia también, me siento en un sueño despierto. Y precisamente por eso voy a hacer el Camino de Santiago.
Lo hago para integrar la energía mientras esté tan alta, para escuchar el ritmo de la naturaleza y el mío, para cuidar el estado interno desde el cual quiero trabajar.
El PDC fue una semana de reparación. El Camino es una semana de prevención, exploración y cuidado. La que me hubiera evitado el burnout el año pasado.
Además de ser un reto guay, también lo necesito para que permanezca la magia.
¿Por qué el Camino, y por qué ahora?
La idea nació en Portugal, al mudarme entre Seixas y Caminha con Clau. Estábamos hablando de dónde ubicar a Nimbus para que la gente que esté en proceso de exploración interna se nos cruce en el camino. ¡Pensamos que el Camino de Santiago era un lugar hiper adecuado!
De ahí surgió el proyecto «peregrino»: ofrecer una misión paralela del Camino desde casa, una pausa de consciencia y de buen comer para quien camina. La perspectiva era esa, ofrecer algo para peregrinos. No caminar yo.
Pero al llegar, la decisión se dio muy naturalmente. No me lo planteé mucho. Simplemente al caminar cada día, repitiendo una y otra vez un trozo del camino… ¿Por qué no hacerlo de verdad?
Caminha está al norte de Portugal, a la frontera con Galicia, y el Camino pasa literalmente por la calle de abajo. Me hace bastante gracia empezar el Camino de Santiago saliendo de casa con mi mochila y ya.
Un día que estaba solo, Clau se había ido a Madrid, me puse a informarme así de casualidad. Me encontré un blog en francés, uno en portugués… Mi “proyecto peregrino” había empezado.
Preparar la cabeza: actuar desde el estado interno correcto
Hay un libro que me acompaña últimamente: Un petit livre rouge sur la Source, de Stefan Merckelback. En la primera página viene una citación de Otto Scharmer que dice que lo que importa cuando te comprometes con dar vida a una idea o un proyecto no es tanto lo que haces ni lo que piensas, sino el estado interno desde el cual actúas.
Eso resume mi intención. No se trata de planificar bien el Camino. Se trata de vaciarse antes de empezar. Dejar Nimbus completamente listo y en pausa para volver con el estado interior tranquilizado.
La preparación es corporal a la vez que mental, práctica y emocional…
Elegir las zapatillas: lo primero que hice sin haber decidido nada más
«¡No camines con zapatillas nuevas!» fue el consejo más repetido por Claudia y por los blogs que lei. Supone comprarlas con antelación para caminar bastante antes de que se hagan a tus pies. Yo las compré justo un mes antes de irme.
El primer criterio que encontré: zapatillas bajas. El Camino de Santiago no es técnico ni muy rocoso, es mucho asfalto y naturaleza “plana”. Las que cubren el tobillo no son necesarias salvo que tengas una necesidad específica, hasta podrían estar incómodas. El segundo criterio: que respiren, y una o dos tallas más que la tuya, porque los pies inflan cuando caminas.
No me comí mucho la cabeza. Fui a Sportzone en Viana do Castelo. Busqué las marcas recomendadas por el blog que leía: Columbia, Lowa, Tecnica, Merrell, Meindl, Newport, Asolo, Salomon (lista no exaustiva pero suficiente). Primer filtro natural: solo había 2 de Merrell, 2 de Columbia, 3 Lowa. Segundo filtro: el precio. Una cosa volvía en todos los artículos que leí: la tontería de ahorrar unos euros comprando un par que se va a desgastar rápido y hacer daño.
Opté por las Merrell Moab Adventure 3. Unos 120€. Son ESTUPENDAS. Desde el minuto 1, son pantuflas, literal. Llevo un mes usándolas cada día para muchos kilómetros. No me he arrepentido ni un momento.
Zapatillas: check.
Elegir el camino: hay más de 50 opciones
Hay muchas maneras de llegar a Santiago: camino francés, camino portugués, camino del Norte, Primitivo, Vía de la Plata, Inglés, Invierno… Más de 50 rutas posibles si te pones a buscar.
En mi caso, quiero hacerlo desde casa. Eso me dejó dos opciones:
- El camino de la costa
- El camino portugués central
Desde Caminha habría ganado algo de tiempo por la costa, cruzando el Miño y llegando a A Guarda. Pero elegí el central. Me llamaron los paisajes verdes. Según entendí, tiene más opciones de albergues, lo que es útil si quieres dejarte llevar y no planificar cada noche con antelación. También es un camino más social, más común, más transitado. Me pareció una buena opción para una primera vez.
Lo único que tendré que hacer es una etapa adicional desde casa para unirme al recorrido central desde Tui. Acabo de mirar los tiempos y me doy cuenta de que desde Tui son 5 días, y yo tenía pensados 8. Me da margen para llegar a Tui, y para dividir alguna etapa difícil en dos si lo necesito. Genial.
Como lo ves, no me preocupo demasiado. Vivir en el camino me da bastante tranquilidad. Al final es seguir un camino, seguir las flechas amarillas con la “certeza” de que llegarás, algún día.
El entrenamiento: Kaizen aplicado al cuerpo
Camino una hora al día desde hace más de un año. No vengo de cero. Pero entrenar para el Camino es otro nivel.
Desde que tengo las zapatillas, sigo con mi hora diaria y añadí 3 sesiones semanales de caminata larga: martes, jueves, y una el fin de semana. Camino mínimo 3 horas, hasta 5. Alargué estas sesiones de una hora cada semana de entreno. La idea es dejar que el cuerpo descanse y aprenda el esfuerzo. Entre sesiones largas, la caminata diaria mantiene el cuerpo activo sin sobrecargarlo.
Otro tip: caminar con mochila para acostumbrar la espalda también. Llevo 3-4 kilos en la mochila con pesas, agua, libreta…
Mi referencia es una etapa promedio de unos 25 km. Empecé haciendo media etapa (12 km) y fui subiendo progresivamente hasta los 22-24 km dependiendo del día. Protocolo Kaizen puro: un día primero, después dos, después tres. Paso a paso hasta que el cuerpo dice que puede aguantar.
Después de un mes entrenando, el cuerpo está listo. Sigo para que los pies endurezcan un poco más.
Un super truco que aprendí por el camino: quitar las zapatillas y dejarlas a la sombra unos 5-10 minutos cada 2 horas. Baja la temperatura, relaja los pies, los desinfla y evita las ampollas. Simple y muy efectivo.
Lo que descubrí caminando 5 horas: el camino hacia dentro
Este es el mayor cambio de perspectiva que me dio la preparación. No es físico. Es mental y emocional.
Cuando camino mi hora habitual, me ayuda mucho, pero basta con estar hiperacelerado por el trabajo para que pase la hora en mi mente, olvidando el propio camino. Las sesiones largas son completamente distintas.
La primera hora es la que más me cuesta estar presente. La mente se va hacia mis preocupaciones del día anterior, hacia los proyectos, hacia el todo. Es un va y ven constante entre el camino y la cabeza. Suelo acabar esta hora con 5 minutos de coherencia cardíaca.
La segunda y la tercera hora son las que más me flipan. El cuerpo entra en calor, siento el esfuerzo justo. Se me hace fácil orientarme, confío en mí, cuido mi postura, levanto la cabeza. Los pensamientos se hacen menos prepotentes. Vuelvo al cuerpo con mucha más facilidad y tengo todos los sentidos hiperabiertos: olores, colores, luces, detalles, sensaciones, posturas… A veces me llegan ideas nuevas, aforismos, conexiones, recuerdos. Les sonrío y los apunto en una nota de voz o en mi libreta. Son dos horas de flow con el camino.
La cuarta hora vuelvo al pensamiento práctico. Mi cerebro ha procesado muchas cosas y me pone a trabajar: desbloqueo proyectos, clarifico dudas, ensayo argumentos, me explico modelos de negocio a mí mismo… La diferencia con la primera hora es que lo hago mas a proposito. La semana del camino, intentaré enfocar esta hora hacia otras preguntas que las del trabajo (te lo explico luego).
La quinta hora ya no pienso en otra cosa que en mi cuerpo, en llegar, ¡por favor! Estoy presente con el dolor, se me calienta todo. Al principio me costaba mucho. Ya con la preparación lo veo venir y me ayuda estar presente con las partes del cuerpo que gritan. A veces, simplemente respirar en esas partes hace pasar el dolor. Otras veces se queda, pero se hace más cómodo. Cuando me resisto, es cuando sube. Ahí me va mucho mejor parar, sentarme 5-10 minutos. Cuesta volver a levantarme, pero con esa pausa el dolor baja y puedo llegar a casa sin dificultad.
Lo más importante que descubrí: al caminar mucho tiempo, experimento con mucha claridad la impermanencia de las cosas y de los estados internos. Las emociones siguen apareciendo, pero hay menos lucha contra ellas. Van y vuelven. Es mucho más fácil dejarlas fluir que resistirlas. Las emociones no duran. Tienes una única cosa que hacer: caminar paso a paso hasta llegar. Eso da una tranquilidad particular, una distancia con todo lo que se te ocurre. Ahí es difícil huir de las sensaciones y de los mensajes del cuerpo.
Es la experiencia más concreta y clara que he tenido de la impermanencia. Y me llegó caminando, no leyendo.
Qué llevar para el Camino de Santiago: me he limitado a lo rudimentario
Las zapatillas fueron lo primero. El resto lo fui comprando después:
Lo que compré:
- Calcetines técnicos para caminar, modelo Expert Trekking Light de Monnet. Unos 25€. Imprescindibles.
- Pantalones cómodos convertibles en shorts (menos peso en la mochila). 30€.
- Chubasquero largo que cubre cuerpo y mochila. 25€ en Decathlon.
- Una loción para preparar los pies, Alkilein Tano. 10€. La que quería se pone cada noche durante 3 semanas antes de caminar para endurecer la piel. Me equivoqué de producto y no la usé. Aproveché el entrenamiento para preparar los pies de forma natural.
- La credencial, el pasaporte del peregrino, es necesario para conseguir la Compostela en Santiago. 2€.
Lo que ya tenía:
- Una cantimplora
- Una mochila de 30 litros (que no voy a llenar para nada)
- Protector solar
- Una gorra
- Ropa liviana (no técnica, a ver si me arrepiento)
- Kit de primeros auxilios básico
- Luz frontal
- Una libreta para escribir mis pensamientos (uso mi bullet journal habitual)
- Bolígrafo
Sin ordenador. Móvil en modo avión la mayor parte del tiempo.
La ruta y la gente: con tranquilidad al ser inicio de temporada
Me voy en abril, después de Semana Santa. Sé que empieza a haber gente, pero que todavía no está lleno del todo. Eso me da tranquilidad para tomar 7-8 días e ir planificando del día al otro sin reservar nada con antelación.
No tengo objetivo turístico ni cultural muy grande. Vivo aquí y puedo disfrutar las maravillas de Galicia cuando quiera. Claro que voy a aprovechar y me emociona mucho. Pero mi camino lo pienso hacer mucho hacia dentro.
La convivencia con otros peregrinos es lo que más me da cierta tensión. Hay algo en mí que quiere una burbuja interior, el silencio, el reencuentro conmigo. Y al mismo tiempo sé que lo inesperado de los encuentros es parte del Camino. La apertura a eso también es parte de la intención. Me preparo hacia dentro, hago el vacío justo para poder acoger lo que surja.
Además, es verdad que me aislo un poco desde que vivo aquí. Como el PDC, este camino es una ocasión de exponerme más de lo habitual.
Mi intención: ¿quién soy debajo de quién no soy?
Esta pregunta fue la primera que me hicieron durante el PDC en otoño. La misma que empieza esta semana, tampón de primavera.
Esta intención me seguirá como tarea de fondo. En caso de querer indagar más, llevo mi libreta con espacio para cada centro: instintivo, emocional, mental. Tengo preguntas preparadas para el camino. Algunas llevan tiempo circulando en mí.
Mis 12 grandes preguntas vitales
- ¿Qué me asombra y me asombró más en mi camino?
- ¿Desde dónde creo, desde dónde actúo?
- ¿Cómo aprendo, cómo desaprendo y cómo construyo mi conocimiento?
- ¿Cómo me expreso al mundo?
- ¿Cómo crear vínculos respetando mis límites?
- ¿Cómo ayudar de verdad?
- ¿Cómo construir una vida libre? ¿Qué significa mi libertad?
- ¿Cómo mejorar escuchándome?
- ¿Qué espacio quiero crear en este mundo?
No busco respuestas. Busco experiencias. Busco aprendizajes invisibles que el día a día no me permite ver. Mi intención es salir a caminar, paso a paso acercarme a Santiago, paso a paso acercarme a mí mismo, paso a paso aceptar lo que el Camino trae.
Cómo me siento a 5 días de salir
Tranquilo, mayormente. Acabo de caminar 4 horas por la tarde bajo una lluvia leve. Estuvo muy agradable, estuve muy presente. Los olores a lila, la temperatura perfecta con el viento fresco contrastando con el calor del cuerpo que sube después de la primera hora. Huele a abundancia.
Y en el fondo, sí, hay miedos.
Miedo al esfuerzo físico acumulado. Que va bien 1 día, quizás 2, quizás 3… 8 días seguidos son otro reto. Miedo a condiciones meteorológicas adversas, aunque estoy acostumbrado y no me disgusta la lluvia. Miedo a lo social, que no me esperaba: caminar solo en el inicio de temporada supone encuentros, conversaciones, situaciones con extranjeros. He viajado mucho y he conocido a mucha gente. No sé muy bien qué me preocupa tanto, pero siento miedo. Me ayuda mucho ponerlo en el papel.
Tengo ilusión. Tengo orgullo también, el de quien ha preparado algo con cuidado y lo siente en el cuerpo. Y tengo tranquilidad, la que da a saber que el Camino es seguir las flechas amarillas con la certeza de que llegarás.
No pretendo saber lo que me voy a encontrar. Es la primera vez que hago el Camino. Te lo iré contando.
La semana tampón: una práctica de prevención, no de reparación
Hay algo que he aprendido este año: la pausa no es solo para cuando estás roto. La pausa es lo que evita que te rompas.
El año pasado no me rompí por mala suerte. Me rompí porque ignoré las señales y no paré. La semana PDC en otoño fue reparación. Esta semana del Camino es prevención. La diferencia es enorme.
Vivimos en una cultura que normaliza el sobrecalentamiento y celebra la productividad hasta el límite. La «semana tampón» es una práctica de integración, de escucha, de sintonía con el ritmo de la naturaleza, que es también el nuestro. No hace falta el Camino de Santiago para practicarla. Hace falta parar antes de necesitar parar.
Caminar me hace sentir vivo. Me hace sentir yo debajo de lo que no soy.
¿Y tú, cuándo fue la última vez que te diste este espacio para observar quién eres debajo de quién no eres?


Deja una respuesta