Hace varios años que me divierto preguntando a mis amigos cuál sería el trabajo de sus sueños. A lo largo del tiempo, en sus respuestas empezó a dibujarse una tendencia clara: muchos de ellos/as sueñan con tener un espacio, un lugar del que ser dueños y crear su propio mundo.
Vestigio de las cabañas de nuestra infancia, un lugar también puede servir de muralla frente al mundo real o, mejor aún, de refugio.
«Un lugar donde las personas se sientan como en casa, con deliciosa comida, buena música y decoración que me gusta. Que no sea un café clásico más; crearé un lugar con muchas actividades para divertirse.»

LaRecyclerie ©Simon Guillemin
Creo que este sueño forma parte de nuestro ADN. Desde los inicios de la humanidad buscamos lugares en los que nos sintamos bien. Pues hay un tipo de espacio que me genera esta sensación. Se agrupan bajo la denominación de «tercer lugar». El concepto de third place fue acuñado por Ray Oldenburg, sociólogo estadounidense, en 1989, en su libro The Great Good Place.
¿Qué es un «tercer lugar»?
Según Ray Oldenburg se trata de lugares sencillos, como un café, un parque, una zona de restauración o incluso una calle o la oficina de correos… donde no se vive ni se trabaja.
El lugar donde vivimos (primer lugar) es informal y puede resultar aislante, mientras que el lugar donde trabajamos (segundo lugar) es formal, estructurado y con una misión precisa.
El tercer lugar es un espacio con un propósito social más que comercial. Es «un espacio público neutral, esencial tanto para el bienestar de las comunidades como para el de los individuos, donde se puede conectar y construir relaciones con otros en un entorno informal».
En la definición de Ray Oldenburg aparece la palabra «neutral», pero yo no lo veo tan neutral. Tal vez al principio lo fuera, en el momento de su construcción como espacio, pero después una comunidad ocupa el lugar y añade su toque, sus influencias, su huella. Se apropia del espacio para darle una intención, lo que lo convierte en algo connotado. Tomar conciencia de esto es entregar a los terceros lugares todo su potencial, incluso hasta el punto de asumir un rol político.
¿Para qué sirven?
En los terceros lugares se pueden crear nuevos vínculos sociales, se promueve la igualdad social mediante un estatus común para todas las visitantes y se ofrece una estructura política de base. También se crean costumbres de asociación pública e incluso un apoyo psicológico tanto para los individuos como para las comunidades.
Parecen ser una respuesta ideal frente a la soledad, la polarización política y otras problemáticas contemporáneas.
En una sociedad como la nuestra, altamente institucionalizada, es difícil cambiar las cosas y observar la realidad desde un nivel holístico. Los organismos que conforman el tejido social suelen ser bastante rígidos y resulta complicado que los ciudadanos de a pie puedan apropiárselos. Sin embargo, es precisamente gracias a la estructuración de estas instituciones esenciales como se sostiene la democracia (al menos, eso dicen…).
Como parece casi imposible influir en ellas, muchas personas desean crear lugares donde puedan construir un marco institucional propio, con la voluntad de apropriarcelo e inventar sus propias reglas (o incluso un ambiente que no las necesite).
Los terceros lugares funcionan con un «contrato social» vivo y flexible.
¿Cómo se organizan los terceros lugares?
En Francia, el concepto de tiers-lieux existe desde los años 2000 y ha sido estudiado por diversos grupos universitarios y redes de asociaciones (para quienes leen francés, la principal fuente de recursos es Movilab).
Estas iniciativas han formado una red muy amplia de espacios que se apoyan entre sí y comparten información en “Open-source”. Todo eso para favorecer otras creaciones de tiers-lieux.
Cada tercer lugar tiene su manera de organizarse, pero hay puntos en común. Muchos de ellos suelen adoptar la forma jurídica de cooperativas. Eso por dos razones principales. En primer lugar, abrir y gestionar un espacio de esta ambición requiere mucha energía, por lo que resulta más sencillo repartir responsabilidades entre varias personas. En segundo lugar, crear un pequeño mundo implica elegir un modo de gobernanza y de organización. Es necesario ser flexible para establecer las reglas más adecuadas que permitan dar vida al lugar sin perder libertad.
No existen reglas estrictas, sino más bien un “contrato social”, como lo he mencionado antes, que sustituye la imposición normativa. Esto nos acerca a la noción de «los comunes», tema que merecerá su propio artículo más adelante 😉.
¿Un ejemplo?
Mi tercer lugar favorito en Francia es el Tiers Lab des Transitions, en Marsella. Antes de nada, prefiero advertir que se trata de un ejemplo de gran envergadura. No es necesario que un tercer lugar tenga esta dimensión para serlo. Sin embargo, me parece interesante porque ilustra perfectamente lo que permite la combinación entre la economía social y solidaria y los terceros lugares.
Su forma jurídica es una SCIC (Société Coopérative d’Intérêt Collectif —cooperativa de interés colectivo—), lo que permite involucrar a distintos tipos de actores en el proyecto: ciudadanos, empresas y responsables políticos locales.
En este espacio encontraras un restaurante que funciona solamente con energía solar, un jardín enorme con mucha vegetación, un huerto y 3 edificios con oficinas, espacio de co-working, sala de juntas y de formación.

Personalmente me encantan los espacios físicos, reales, en los cuales las personas desarrollan sus ideas de mundos alternativos, porque puedes literalmente entrar en ellos.
Con la llegada de Internet había la idea de que las conexiones solo se iban a hacer en línea. La palabra “comunidad” esta muy usada en el ámbito digital. Hoy en dia hay más y más ejemplos de comunidades creadas por Internet que se juntan en la “vida real”. Ahora esta saliendo el concepto de “cuarto lugar”. En lugar del metaverso, donde todo el mundo puede reunirse en línea, la tendencia apunta hacia los “miniversos”: espacios con necesidades específicas y comunidades ya identificadas. Sobre todo, en este caso, pequeños espacios “de fácil acceso”. Yo lo veo muy relacionado con “Think global, act local”.
La idea principal detrás de eso es el colectivo, hacer juntos, “hacer sociedad de nuevo”
Parece que no importa tanto la forma del lugar/espacio físico, lo mas importante es lo que permite hacer : conectarse en vivo con otros, de formar parte de una comunidad, sentirse integrados en ella, cumplir un rol, nutrir la necesidad de pertenencia. Todo eso participa de proteger la salud física y psicológica.
Y si el primer paso para cambiar el mundo era crear una burbuja de bienestar, abriendo su espacio?


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